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Me acabo de enterar que ha fallecido Andrés Montes. Me siento fatal. Yo he sido de los que más lo han criticado, y ahora siento que he sido injusto. Había dejado a un lado el blog para dedicarme a otros menesteres, que expiraban en el mes que viene. Pero hoy me siento sin fuerzas, y pienso que tal vez mis excesos escritos no tengan sentido. Descanse en paz, Andrés Montes.
Estrenaba anoche Antena 3 la cuarta temporada de su aborrecible serie sobre adolescentes salidos que viven en una realidad alternativa y que han llamado “Física o Química”. No les voy a ocultar que esta serie me produce una animadversión especial, no tanto por la polémica que quieren crear constantemente (que también) sino porque pretenden hacernos comulgar con ruedas de molino, diciendo que es un fiel reflejo de la juventud española actual. Seguro.
No sé qué tiene de fiel un reflejo que, por ejemplo, elimine cosas tan elementales como que los estudiantes españoles suelen cambiar de curso una vez al año, excepto los tarugos que repiten. Los lumbreras que estudian en el instituto de Física o Química llevan cuatro años haciendo el mismo curso, lo que me indica que la serie es en realidad un bucle temporal que se repite todos los años en plan “Atrapado en el tiempo” o que son más tontos que las piedras y repiten una y otra vez el mismo curso, dando argumentos a los que dicen que la LOGSE es un fracaso.
Se debe, sin duda, al conocido “Síndrome Compañeros”, estudiado por eruditos de todo el mundo. En aquella horripilante serie (casualmente de Antena 3 también), pasaban los años y los estudiantes crecían, les salía barba, se convertían en paisanos y seguían en tercero de la ESO irremediablemente. Era algo que no me explicaba, un fenómeno sobrenatural, digno de protagonizar un programa especial de Cuarto Milenio.
Respecto al realismo de las situaciones, aquí nunca lo hubo. Sí, pueden decir que todo lo que ponen está basado en cosas que suceden en los institutos de España, pero aquí nos encontramos con otro fenómeno paranormal llamado “Concentración de El Comisario”, que provoca que las cosas que suceden en toda España por separado se junten en un único lugar, como atraídos por alguna especie de magnetismo telúrico. En “El Comisario” había narcotraficantes de película, trata de blancas, asesinos en serie, sicarios de peli de James Bond, sectas satánicas, terrorismo internacional (ETA no, curiosamente), muertos que no lo estaban, asuntos que rozaban lo paranormal... todo esto en una comisaría del barrio de San Fernando. Tela. El Bronx al lado de San Fernando, un convento de clausura (de los de verdad, no de las pelis porno).
Al parecer la estrategia de Antena 3 respecto a este estreno es la de masacrar la miniserie “Paquirri” en Telecinco, donde emitieron ayer el primero capítulo. Mañana dan el segundo y, casualidad de las casualidades, Antena 3 dará otro capítulo de “Física o Química”. No creo que “FOQ” le robe espectadores a Paquirri, más que nada porque son productos dirigidos para públicos completamente opuestos, de modo que las audiencias que salgan por la mañana serán las audiencias que tendrían igualmente emitiéndose en días diferentes. Pero bueno, allá ellos. Antena 3 y Telecinco están en guerra y, como son dos cadenas bastante lamentables, pueden intentar destrozarse lo que quieran.
------Ahora, después de tres años de sufrimiento para nuestros oídos, el fútbol volverá a ser maravilloso: La noticia la anunció Andrés Montes el domingo durante la final del Eurobasket: deja las retransmisiones deportivas. Se va, y con él todos sus motes sin sentido, sus frases absurdas que no vienen a cuento y sus pajaritas. Le sustituirá, según parece, Antonio Esteva. Ahora solo falta que el manifiestamente antisportinguista de Carlos Martínez también se vaya a tomar por saco. Como se le vio el plumero el domingo.
No quería hablar de Gran Hermano 11. No hablé en su estreno ni quería hacerlo, pero al final el esfuerzo solo me ha durado semana y media, pues tal es las miserias que vende este programa que al final siempre algo llega a mi oídos, aunque estén cerrados a cal y canto. Aunque no ponga Telecinco ni para ver CSI por si acaso me topaba con algún anuncio del experimento sociológico de este año.
Todos sabemos de sobra que GH es un programa lleno de fatos de cuidado, a cada cual más gañán y garrulo. Parecen competir en ignorancia. Como si las pruebas semanales esas que hacían, y que no sé si siguen haciendo, fuesen para ver quién es el más zote de todos, competición dura porque en los castings los filtraron eliminando cualquier posibilidad de que exista un miligramo de inteligencia.
Y en ocasiones, a los lumbreras que hacen los castings buscando a lo más memo de España para el experimento sociológico, se les cuela algún elemento representativo de la sociedad, los orangutanes con forma humana con los que todos hemos topado alguna vez en la vida. El típico machote que trata de reafirmar su masculinidad (supuesta) y el liderazgo del grupo (supuesto) a base de voces y amenazas. El matón de patio de colegio cuando crece.
Lo peor es que la audiencia convierte sus desatinos en latiguillos, o citas célebres. El primero fue Carlos el de las Yoyas, de GH II, que pasó a la historia por amenazar a No Sé Quién con meterle dos ídems que le iban a temblar las orejas. Cuanta filosofía, cuanta oratoria magistral, un ejemplo discursivo que, varios siglos antes, hubiese provocado que los grandes oradores de la historia decidieran copiarle. Cicerón hubiese solventado sus Catilinarias ofreciéndole dos yoyas a Catilina, por conspirador y gilipollas.
Ahora surge otro elemento, un tal Gonzalo, que dijo que le “iba a arrancar la cabeza” a una tal Pilar. Ni sé los motivos ni me importan demasiado. Pero en Telecinco, la cadena hipócrita por excelencia, ya han puesto su maquinaria mediática a funcionar. Sálvames, Ana Rosas y demás llenan sus programas con sus tertulianos granhermanescos escandalizados y llevándose las manos a la cabeza por semejante violencia. Los que nunca rompieron un plato ni insultan a nadie.
Parece ser que lo van a expulsar por violento, más o menos como le sucedió a Carlos de las Yoyas. Ya me enteraré otro día. La verdad que tampoco me interesa demasiado.
------El programa de Dragó promete minutos y minutos para los de SLQH: Han distribuido fotos de este personaje presentando su programa “Dragolandia”, metido en un ataúd. Parece que también llevará a sus gatos, a Arrabal (uno que cuando le da al vino antes de entrar en directo suele dejar momentos descacharrantes) y enchufará a su hija, que tiene por nombre Ayanta Barilli y a otros amiguetes de psicotrópicos. Vamos, que el sexo tántrico que practica Dragó afecta al cerebro y se confirmará los domingos en Telemadrid.
Los seriales vespertinos que se emiten a diario, bien sean dramáticos en el más puro estilo culebrón, o con un tono de comedia de enredo, son el género televisivo que en los últimos años más fracasos han alumbrado en la televisión. Los dos últimos estrenos de esta temporada no han tenido precisamente suerte, y solo sirven para engrosar un poco más la lista de fiascos.
El primero de ellos fue “Los exitosos Pells”, al que le cambié el adjetivo por “fracasosos” hace un par de semanas; han sido fulminados después de emitir únicamente siete capítulos, en los cuales registró audiencias bajísimas o directamente inexistentes. El otro estreno fue “Somos cómplices”, que con J.R. y todo se marcaron un paupérrimo 6% y no parece que vaya a tener mucho más futuro que la anterior.
La lista de fracasos de seriales vespertinos es tan larga que es materialmente imposible recogerlos todos, bien porque mi memoria da lo que da o porque la entrada entonces sería de tres o cuatro kilómetros. Aquí van algunos a los que se añaden los dos anteriores: “HKM” (Cuatro), “Un golpe de Suerte” (Telecinco), “Lalola” (Antena 3), “SMS” (La Sexta) “Mi gemela es hija única” (Telecinco), “Amistades peligrosas” (Cuatro)... ¿Porqué, entonces, las cadenas siguen porfiando periódicamente en intentar crear series de este formato?
Quizá todo comience con el éxito tremendo e imprevisto que tuvo “Yo soy Bea”, precedido por unos meses por el de “Amar en Tiempos revueltos”, éste último un culebrón más clásico. El caso de Bea fue más espectacular, porque se trató de una serie que empezó con poquísimas expectativas. Eso sí, se estrenó en una época en que Telecinco podía poner la pantalla en negro que sacaba un 25% de audiencia. Con el paso del tiempo, las audiencias de la serie crecían y crecían y llegaron a situarse durante varios meses por encima del 30% y con picos del 40% en algunos capítulos sueltos. Con semejante éxito, es lógico que el resto de las cadenas intentasen copiarlo, con resultados semejantes en calidad (“Yo soy Bea” era malísima por mucho que lo petase) pero audiencias muchísimo peores.
La cabeza no me da para recordar cuales fueron las primeras fotocopias que se realizaron, pero seguro que la primera la hizo Antena 3. En todo caso, sí que se pueden describir algunos ejemplos de seriales que acabaron estrellados de mala manera en las diferentes cadenas privadas.
Uno de las primeras paridas seriadas que se me vienen a la cabeza es el de “C.L.A. No somos ángeles”, o algo por el estilo. Esta era un culebrón con toques de comedia en el que trataban de crear un poco de escándalo porque decían que tenían escenas calentorras, que una vez vistas se quedaron en frías tirando para invernales. Otro despiporre fue el caso de “HKM”, donde una rapera trató de meterse a actriz para conseguir notoriedad y vender más discos, fracasando en los dos objetivos. Y para que no falte mi cadena favorita, mencionaré “Un golpe de suerte”, o como hacer una serie en la que cambias a los actores por ñoclas del Cantábrico y nadie se entera. Porque nadie la veía.
¿Y porque todas estas series fracasan? La mayoría por malas, pero en otros casos puede deberse precisamente al éxito que tuvieron unas pocas. Al engancharse a una serie como “Yo soy Bea”, que pareció no acabarse nunca, es posible que el espectador quedase saturado de seriales diarios para una buena temporada. Cuando la audiencia haya olvidado el éxito anterior, estará dispuesto a engancharse a una nuevo. Mientras tanto, las cadenas siguen probando.
------Los concursantes de Reality con profesiones escondidas sí que darían para un post: Ahora resulta que un concursante de Pekín Express se dedica al porno gay. Él dijo en el programa ser stripper, pero como suele ser habitual en los realitys, resultó que no era lo único en lo que había empleado su cuerpo. Se suma al club de los que olvidan partes de su currículo (es su derecho, por otro lado), como las ex-prostitutas que entraban en GH, aunque siempre se les descubre el pastel, así que deberían pensárselo cuando van a los castings. Aunque nada al nivel del parricida de “La vuelta al mundo en directo”.
“Dallas” fue una serie muy conocida que tuvo su mayor éxito entre los setenta y los ochenta, alcanzando la nada despreciable cifra de 357 episodios que versaban sobre una familia de millonarios que se dedicaban a putearse entre sí. No puedo detallar mucho más porque nunca vi la serie y solo conozco la melodía que escuché una vez en no sé dónde.
Una de las cosas más recordadas y parodiadas de la serie fue un cliffhanger tremendo, que dejó a toda la peña que por aquel entonces tenían tele sorprendidos, en algo que ahora es muy habitual pero entonces no tanto. En el último capítulo de la segunda temporada, el canalla de J.R. recibía un disparo por parte de un agresor desconocido y la cadena se pasó todo el verano preparando el estreno de la nueva temporada preguntándose “¿quién había disparado a J.R.?”. Como consecuencia, la solución del misterio en la temporada siguiente arrasó con todo y es posible que el resto de las cadenas hubiesen puesto porno que ningún americano se hubiera enterado. Esto fue parodiado hasta en Los Simpsons, cambiando a J.R. por el señor Burns pero dejando el enigma para la temporada siguiente, en dos capítulos que son de lo mejorcito de la historia de los personajes amarillos.
Ayer, J.R. recibió otro disparo en Antena 3, o más bien el actor que lo interpretaba, Larry Hagman, que es la incorporación de más relumbrón que tiene la nueva serie de sobremesa de la cadena, “Somos Cómplices”, mediocridad total con interpretaciones del montón que es algo que suele caracterizar a todas las series puestas en dicho horario y con la estructura de culebrón de comedia que creó Telecinco con “Yo soy Bea”. Una especie de comedia de enredo, ideal para bajar el volumen y echarse una siestecita.
Larry Hagman sale poquito, y no sé lo que habrá cobrado pero seguro que las vacaciones pagadas que Antena 3 le ha regalado a cambio de decir cuatro gilipolleces (tres subtituladas y otra en castellano que más bien daba risa, el pobre) le han venido como dios. El resto de la serie, con algunos ¿chistes? y una trama argumental bastante improbable, como mínimo un poco alambicada.
El argumento es que J.R., que teóricamente es el padre de un tío que anda por allí y habla como si fuera un guiri borracho, le dice, cuando está a punto de morirse, que no es su padre, que su familia es otra, pero que él lo crió, o algo así. Y le dice al tarugo del hijo que en vez de disfrutar de la herencia de petrodólares de J.R. tiene que ir a buscar a la familia biológica para soltarles 100 millones de euros, cosa que aprovechará una estafadora profesional para intentar robarle los millones que J.R. les deje en herencia. O algo así.
------Risto se rebela contra Telecinco, o eso dicen: Se queja desde su programucho que en Telecirco le censuran en el caso Andreíta. No me creo nada que venga de este señor tan falso, pero parece que en la Cadena Amiga quieren exprimir esto hasta límites insospechados, creando polémicas de cualquier parte siempre que tenga que ver con Andrea Janeiro. Manda huevos que una cadena base el 90% de su programación en una cría.
A veces parece que Vasile, jefazo de Telecinco, tiene algún problema para ver la realidad. La última entrevista que ha concedido en el Magazine de El Mundo dan muestras de que se trata de un hombre que no sabe qué cadena dirige o que, simplemente, no la ve, porque si no otra explicación no tiene.
Por ejemplo, habla de la tele que se impondrá en el futuro, y dice que será la que “está bien hecha, con talento y con amor”. Dice que es lo que hacen TVE, Antena 3, Cuatro y Telecinco. Lo grave de esto no es que no incluya a La Sexta, porque todo el mundo sabe que lo de este con La Sexta es personal, igual que lo de La Sexta con Telecinco, lo grave es que incluya a su apestosa cadena. ¿Pero dónde está su televisión bien hecha y con talento? ¿En la madrugada? Porque el resto del día solo dan programas lamentables y mal hechos. Y en los cuales el amor, si aparece, es solo un elemento de mofa y escarnio. O a lo mejor entiende por amor dar por culo al común de los espectadores, que entonces sí que se explica.
Luego sigue dándole hostias a La Sexta, algo que no me parece del todo mal habida cuenta que desde la cadena de Milikito le dan hostias a diario (menos ayer, que jugaba la selección de baloncesto). Dice que “en Italia hemos vivido polémicas violentísimas con la RAI y las otras, pero siempre basadas en el respeto mutuo y las reglas. Lo que pasa aquí es una cosa impresionante...” ¿Impresionante porqué? Yo creo que lo único que falta aquí en España es Berlusconi y sus velinas. ¿Se referirá a aquella vez que los presentadores de SLQH fueron a cantarle a Telecinco vestidos de tunos? Seguro que eso en Italia nunca lo vio.
En el tema en el que sí tengo que darle la razón, al menos en una parte, es en aquel que habla de la Fórmula 1 y de los enormes precios que pagó La Sexta y que ahora no deben saber cómo rentabilizar. Pero luego dice: “Ellos desde el primer momento se han metido conmigo y han querido destruirme a nivel personal. Y esto no se hace en el 'fair play' de las empresas. Normalmente, no se insulta al adversario, y menos cuando éste no tiene visibilidad ni es una persona conocida”
¡Y eso lo dice el tío que manda en una cadena que vive de jugar sucio, de las miserias ajenas, que sí que destruye a la gente a nivel personal y profesional! ¡Una cadena en la que cada programa es un insulto en sí mismo! Debe ser que hacerlo es algo muy divertido, pero cuando se lo hacen a uno mismo, jode un poco.
Lo malo es que su modelo televisivo vuelve a resurgir con fuerza. Otra vez el corazón agresivo, aquel que según él estaba muerto. Resulta que ha resucitado, para espanto de todos.
Estrenaba anoche Cuatro su segunda edición de “Pekín Express”, el que fuera programa revelación de la cadena la temporada pasada tanto por sus audiencias como por el propio programa en sí, que resultó bastante salvable. Tal fue su éxito que en Antena 3, la cadena que siempre copia los éxitos de otras cadena fijándose únicamente en los defectos (recuerden “El bus” como copia de GH, y “Escuela de actores”, o algo así, cuando los talent shows de OT en la 1), hicieron su propio engendro llamado “La vuelta al Mundo en Directo”.
Este año cambian la ruta, y no va de Rusia a China atravesando Siberia, sino que parten de Pekín y llegan a la India, atravesando el Himalaya. Si ya era difícil para los concursantes entenderse con los rusos, con los chinos no me quiero ni imaginar lo que les costará apañárselas. Eso sí, los chinos parecen más majos que los rusos, con lo fríos que son estos.
Lo que sí he visto en los avances del inicio del programa, es que parece que esta edición quieren fomentar más el conflicto entre las parejas, que haya malos rollos y cosas así, pues han puesto unos cuantos. Sería triste que se centrasen demasiado en esto. No obstante, como reality es de lo más salvable que hay en las televisiones españolas, si no se empeñan en fastidiarlo con roces entre los participantes.
------El caso de Belén Esteban y su hija: Algo rarísimo ha sucedido este viernes. Lo primero lo vi por la tarde, en la que me enteré que algo había pasado con el fiscal del menor y Andreíta, la hija que la Esteban, que aunque no la muestre públicamente, está todo el tiempo hablando de ella, y creo que ahora mismo no sería ni la mitad de conocida de lo que es sino estuviese con Andreíta siempre en la boca.
En ese momento me di cuenta de que “Sálvame versión nocturna” (lo llaman “deluxe”, hace falta huevos con lo cutre que es) iba a arrasar con una entrevista a Belén Esteban, aunque Jorge Julay intentó crear suspense, diciendo que no sabía si vendría... Estaba en maquillaje fijo antes de que empezase el programa nocturno, por mucho que dijera el gusano ese de Jorge Julay. Y en Antena 3, claro, también hablaron del tema. Lo más asqueroso de la historia.
Por último, destacar que en este sucio asunto hay algunas cosas que no cuadran. Por ejemplo, el origen de la filtración. Según parece, la nota que el fiscal del menor envío a los medios debía mantenerse en secreto, pero también parece que el único medio que la recibió fue en el que trabaja Belén Esteban, es decir, Telecinco. Seguramente de ahí parte la filtración, y las acusaciones de Kiko Eldegranhermano, diciendo que lo hacía Antena 3 por audiencia, no tenían ni pies ni cabeza sabiendo como sabía que la Esteban iba a estar en “Sálvame”, entregando varios puntos de share, única preocupación de todos esos insectos.
De modo que los únicos interesados en que hubiera una filtración de dicha nota eran los de Telecinco, que así se iban a llevar la noche del viernes de calle, como sucedió. Ahora que solo son suposiciones mías. A lo mejor es que soy muy mal pensado
------Estreno de “Fibrilando” ayer también: Es prácticamente igual al “Camera café”, de hecho, sigue habiendo máquina de café, gente que se escaquea y chistes, aunque me han parecido menos graciosos de lo habitual. Solo cambia el decorado del alrededor de los actores, más semejante al de un hospital. Realmente no entiendo mucho el cambio, pero el espíritu es bastante parecido.
Estamos en el año 2034 y se estrena la trigésimo tercera temporada de “Cuéntame cómo pasó”, la serie que nació con vocación de ser un remedo español de “Aquellos maravillosos años”, serie que ahora nadie recuerda. Esta temporada se ambienta en el año 2001.
En dicha temporada Antonio Alcántara cuenta ya setenta y cinco tacos de calendario, es un hombre gruñón, achacoso y que acusa a hijos y nietos de no dar golpe. No se trabajaba como en su época, que entonces sí que doblaban el espinazo de verdad. Pero está asustado, pues teme que en esta temporada los guionistas se den cuenta del desgaste de su personaje y lo ingresen en un geriátrico.
Recuerda que hubo tiempos mejores y peores. ¿Cuántas cosas no le han sucedido en estos años? Los años del gobierno socialista, donde se juntó con Don Pablo a robar a punta pala, incluso con su extraña virtud de estar siempre en el momento justo de la historia para participar en ella, hasta pudo pillar cacho de los fondos reservados y estuvo a punto de huir con Roldán, pero la familia era lo más importante y prefirió ser un hombre honrado. Aunque luego Mercedes le abandonó, claro, tanto lío seguido acaba por desgastar cualquier relación de pareja.
Toni, su hijo, hizo carrera en el PSOE, después de darse el piro en el 82 del agonizante Partido Comunista. Tras una dura carrera como político, alcanzó las más altas cotas cuando fue elegido alcalde de barrio durante un par de meses, llenando de orgullo a los Alcántara porque nunca un pazguato de esa familia había llegado tan lejos solo, sin la ayuda de Don Pablo.
Carlitos, por ejemplo, está en lo malo. Cuando la movida madrileña de los ochenta, prefirió irse por el lado malo del asunto festivalero y se pasó diez años prácticamente drogado. De hecho, sus narraciones de aquella época con voz de Carlos Hipólito (curiosamente, de mayor a Carlitos nunca se le pareció la voz a la del narrador) se caracterizan por no recordar dónde estaba él en ciertos momentos, aunque todo el mundo sabía que andaba con la jeringa colgando del brazo. Luego logró salir, en un capítulo muy emotivo que tuvo con el corazón en un puño y la lágrima cayendo al 19,6% de los españoles.
De Inés, poco se sabe, salvo que se fue a París y allí se dedicó a hacer cine experimental (porno) cosa que nunca supo su familia hasta la temporada veintidós cuando la ven en los posters de una tienda guarra por la que pasaban de casualidad. Herminia murió en 1981, cuando le explicaron en qué consistía aquello que llamaban divorcio. Con lo católica que era, se santiguó dos veces, fue a manifestarse con la Iglesia, con un cartel que decía que “El divorcio acabará con la familia”. Tantas emociones fueron muchas para su avejentado corazón y el 16,7% de los españoles lloró su muerte.
Ya ni siquiera le queda a Antonio el bar dónde iba a beber pintas de vino y ver el fútbol con los amigos, pues había sido sustituido por una sucursal del Banco Santander, como el resto del barrio, que ya no era el barrio de San Genaro sino el barrio del Banco Santander.
Solo le queda una cosa que hacer a Antonio, como a la mayor parte del los españoles: ver la tele. Es un 13 de septiembre de 2001, y en la Primera cadena de TVE estrenan una nueva serie, justo dos días después de que unos locos tirasen unos edificios en Nueva York a avionazo limpio. Dicha serie llama “Cuéntame”. Perplejo, ve como es su vida la que sale en pantalla, como si le hubiesen grabado sin darse cuenta. Llama a sus hijos y se lo explica, pero le tratan como si estuviera gagá y llaman a una ambulancia para ingresarlo de una vez en el asilo.
El 13,2% de los españoles, en 2034, llora por el final de la serie. O no. TVE anuncia que hará dos temporadas más.
Antena 3 ha decido cargarse de golpe y porrazo “Vaya Par”, el programa aquel en que el Mariñas y la Patiño despellejaban a gente e inventaban noticias metidos en decorado cutre que incluía paredes de colorines, pantallas de escasa definición y un supuesto presentador que solo hablaba para abrir el programa y, a duras penas, cerrarlo, entre la verborrea de los susodichos.
No recuerdo haberle dado un plazo de existencia a este programucho, pero creo que no esperaba que durase casi dos meses como ha durado, con audiencias bastante raquíticas algunos días que le hacían ser lo menos visto de su franja horaria. Sí que recuerdo que dije que era un programa que no tenía sentido de existir, pues no aportaba nada bueno. Pero hay muchos programas parecidos o incluso peores que tienen trazas de durar bastante más.
También hay que destacar que a Ximo Rovira le ha durado más bien poquito su primero programa en siglos que no le tocó por una simple sustitución veraniega. Si “Vaya Par” no duró ni dos meses, Ximo estuvo al frente poco más que dos o tres semanas. Pobrecico, es una víctima de la precariedad laboral que caracteriza a algunos puestos en el mundo televisivo. De nuevo al trastero como sustituto de Cantizano en agosto, si “DEC” llega a tanto, pues se encuentra en crisis.
El principal damnificado de esta cancelación es, creo yo, “Sé lo que hicisteis...”, pues algunos días ha llenado un tercio de la sección de Ángel Martín solo con cosas sacadas de este sin sentido. Programas de basureo puro de los cuales pueden sacar imágenes ya solo queda “Tal cual lo contamos”, y con sus registros de audiencia no se puede garantizar que dure demasiado. Luego están los programas matinales de la propia A3 y La 1, que no son una garantía para ellos, así que es alarmante que sus caladeros de pesca de imágenes están al borden de la extinción. ¿Llegará un momento en que SLQH no tenga imágenes para poner y deba desaparecer? No lo creo, porque mierda siempre va a haber, pero lo cierto es que si ese día llegase, significaría que la Telebasura ha muerto o que toda está en Telecinco (más probable lo último). O que, opción indeseable, A3 se ha mosqueado y les cierra el grifo también.
¿Qué van a colocar en el lugar de Patiño y Mariñas? Parece que van a estrenar una serie española llamada “Somos Cómplices” que cuenta en su reparto con Larry Hagman, el mítico JR de “Dallas”. Será un serial diario, posiblemente de comedia de enredo, en la que una estafadora quiera dar el golpe de su vida creándole una familia biológica a un tío cuyo padre multimillonario le confiesa que es adoptado... un poco largo de explicar. En todo caso, otro estreno para mañana.
------Telecinco programa “Sin tetas no hay paraíso” los domingos: La noticia tiene su guasa, por que la cadena hizo una encuesta en su web preguntándole a los seguidores de la serie en qué día querían que la emitieran. La menos votada fue el domingo, con solo un 1,79% de los votos; pues ahí la casca Telecinco, haciendo oídos sordos a los seguidores y enfrentándola a “Doctor Mateo” y “Pekín Express 2”.
Hoy me apetece hablar de algo bueno. Pero como arriesgarse a ver una cadena española para buscar una cosa decente no suele ser buena idea, voy a hablar de “The Wire”, serie de la HBO que se emitió desde 2002 hasta 2008 y que, como suele ser habitual en España, es difícil que pueda ser disfrutada por el gran público, ya que la dio el Plus y alguna cadena temática, pero no se atrevió a darla ninguna cadena en abierto, o a meterla ahora en TDT. Si no fuera por las descargas esas que a la Ministra de Cultura tanto le enfadan, posiblemente nunca la hubiese podido ver.
Es curioso que en un género tan manido como el policiaco, que todos los años estrena una docena de series nuevas, se pueda haber hecho algo tan diferente y tan sumamente magistral. Porque es una serie completamente diferente a cualquier otra de polis. La descripción rápida es ésta: piensen en “CSI” y luego imaginen todo lo contrario. Eso es “The Wire”.
Por ejemplo, aquí la tecnología no parece sacada del laboratorio de Star Trek, la primera temporada está ambientada en 2002 y los policías de Baltimore aún tienen que rellenar informes en máquinas de escribir. Se sorprenden con los ordenadores que utilizan para las escuchas (aunque sea el título de la serie, las escuchas no son lo más importante ni de lejos). Los protagonistas no son fashions, ni se quitan/se ponen las gafas de sol mientras sueltan frases lapidarias al estilo Horatio Caine. A veces los malos se les escapan. Y sobre todo, al contrario que todas las series policiacas, no muestran el crimen como una excepción, sino como el resultado lógico e inevitable de una sociedad corrupta y podrida en todos los niveles, secuela de un sueño americano que se ha tornado en pesadilla.
Ambientada, como he mencionado, en Baltimore (la ciudad con más crimen de USA), nos ofrece un relato realista y áspero, pues está escrita por David Simon y Ed Burns, el primero periodista de crónica negra en dicha ciudad durante 13 años y el segundo policía en la misma urbe durante 20. Saben, por tanto, de qué va la movida.
No hay maniqueísmos, ni queda claro quienes son los buenos o los malos. Los malos no lo son por definición, aunque haya alguno que roce la psicopatía. Lo son por pura supervivencia, y sobrevivir en Baltimore es robar chatarra para pagarse una dosis, vender drogas en las esquinas o liarse a tiros con el narco rival. Nadie les ha enseñado a vivir de otra forma, ni nadie se preocupa especialmente en evitar que vayan por el mal camino, que tan seductor resulta durante la juventud.
Y los policías no son especialmente buenos. En “The Wire” hay brutalidad policial, maderos para los que cada día que pasa es uno menos que les queda para jubilarse, otros que roban dinero procedente de las drogas o que cobran sobornos. No son la excepción, pues sus superiores están untados por parte de políticos para que les dejen tranquilos o para que torpedeen investigaciones que pueden salpicarles. Y los políticos reciben dinero de los narcotraficantes para sus campañas, estableciéndose así un círculo vicioso que no contribuye a mejorar las cosas, pues todos se benefician del crimen, directa o indirectamente.
Hay, sobre todo, hipocresía. Y no aparece Horatio Caine por ningún lado a poner orden, sino Jimmy McNulty, un detective de homicidios cuya vida es una mierda, que va por libre, que pisa callos y al que por tanto sus superiores le darán por el culo siempre que puedan, empeorando su precaria situación en la policía y en la vida.
Es una serie magnífica, a pesar de que puede resultar difícil de ver por su peculiar planteamiento de los capítulos. No están diseñados para enganchar desde el minuto uno o dejar al espectador sorprendido en el último momento del capítulo, sino que más bien son como partes de un largometraje que dura doce o trece horas (una temporada entera). Al acercarse el final de una temporada, es cuando te das cuenta de que todo el conjunto es excepcional, un puzle que te muestra todos los resquicios de una ciudad como Baltimore.
Por ejemplo, la primera temporada se centra especialmente en la venta de drogas en las calles de la ciudad, la segunda viaja al puerto marítimo y a la corrupción del jefe del sindicato de estibadores (un pobre desgraciado, sin embargo), la tercera es la más asquerosa, pues se centra en la política. La cuarta y la quinta las tengo pendientes de ver, pero versan sobre las escuelas y sobre los periodistas. No me decepcionarán.